"Cuidado con tus obras" dijo el devriche: "Piensa en lo que las generaciones futuras dirán de ti"
"¡Y que!" respondió el padre "Cuando yo me muera todo estará acabado y no me importa lo que dirán".
Abil-Alsar jamas olvido esa conversación, durante toda su vida se esforzó para hacer el bien, ayudar a las personas a ejecutar su trabajo con entusiasmo. Se volvió un hombre conocido por su preocupación por los demás; al morir había dejado un gran numero de obras que mejoraron el nivel de vida de su ciudad...
En su tumba mando grabar el siguiente epitafio:
"Una vida que termina con la muerte, es una vida que no valió la pena"
No hay comentarios:
Publicar un comentario